Visión Global del Suicidio Adolescente

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Día Mundial para la Prevención del Suicidio

La investigadora española Laura Mosquera ha publicado la investigación “Conducta Suicida en la Infancia: Una Revisión Crítica” (2016), en la que revisa la bibliografía existente sobre el suicidio en la infancia, en momentos en que esta problemática se encuentra peligrosamente en aumento, especialmente en España.

Ya en el año 2004, las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud señalaban el suicidio como la tercera causa de muerte entre los adolescentes, mientras que en el año 2012 se instaló como la decimotercera causa de muerte a nivel mundial y en el año 2014 pasó a ser la segunda causa de muerte en las personas de entre 15 y 29 años de edad. Por ello, esta problemática se ha vuelto un tema de salud pública prioritario y su estudio se ha vuelto de gran relevancia.

Hay diversas formas de definir y entender el suicidio. Algunos autores sostienen que se trata del “resultado final de ideaciones y conductas que realiza la persona”, es decir, incluye una serie de aspectos cognitivos, como las ideas suicidas, su planificación y aspectos conductuales como el intento de suicidio y el suicidio consumado. La Guía de Práctica Clínica sobre la Depresión Mayor en la Infancia y Adolescencia del Ministerio de Sanidad y Política Social de España define 3 tipos de conducta suicida: el suicidio frustrado, donde circunstancias no planeadas impiden la culminación del suicidio; la amenaza de suicidio, muchas veces utilizadas por los jóvenes como una forma de manipulación; y la conducta auto-lesiva, consistente en la provocación de daño corporal sin la intención de suicidio. Así, de acuerdo a la autora, “las conductas suicidas se expresan de menor a mayor gravedad, es decir, ideación, amenaza, intento y por último suicidio consumado”.

En ese contexto, la investigadora se ha propuesto realizar un análisis de la bibliografía existente a la fecha para entregar una visión global del suicidio infantil y adolescente, que sirva como punto de partida para otras investigaciones. Sus resultados permitieron caracterizar el origen y sexo de las personas afectadas por esta problemática. De acuerdo a la OMS, las tasas de suicidio más elevadas se encuentran en los países de Europa del Este como Lituania y Rusia, mientras que las más bajas se dan en América Central y América del Sur, en países como Perú, México, Colombia o Brasil.

En lo que respecta al sexo, diferentes estudios indican que el suicidio es mucho más frecuente en hombres y los intentos de suicidio son más frecuentes en mujeres. Asimismo, mientras que en los países de altos ingresos los hombres se suicidan 3 veces más que las mujeres, esta proporción desciende en los países de bajos ingresos (1,5 hombres por cada mujer). En cuanto a la edad, si bien los casos de suicidio aumentan conforme aumenta la edad, la OMS ha declarado como grupos de alto riesgo a las personas entre 15 y 44 años y en particular a los adolescentes de entre 15 y 19 años.

Por otra parte, los diferentes estudios coinciden en que el suicidio es el resultado de una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales, los cuales han sido clasificados por la autora en factores familiares-contextuales y factores individuales. Entre los factores familiares y contextuales se encontrarían, por ejemplo, el bajo estatus económico, la falta de apoyo social, la disfunción familiar y el maltrato físico o abuso sexual, entre otros, mientras que los factores individuales se dividen en variables demográficas (ser anciano o adolescente, ser hombre o mujer, etc.), variables biológicas (como ser portador de VIH), variables genéticas, variables psicológicas (como el déficit de habilidades para la resolución de problemas, la baja autoestima, sentimientos de fracaso, etc.) y variables psiquiátricas (trastorno bipolar, depresión, abuso de drogas, etc.). en esa línea, los resultados indican que tras el 90% de los suicidios se encuentra una enfermedad mental. También se han encontrado otros factores como la orientación sexual homosexual, el aislamiento social, el fracaso escolar y el fácil acceso a los métodos de suicidio como las armas de fuego o las altas dosis de medicación.

La OMS ha señalado que una de las mejores formas de afrontar la problemática del suicidio es estableciendo una estrategia nacional de prevención que incluya las áreas de salud, educación, empleo, bienestar social y justicia. La Guía de Práctica Clínica de la Depresión Mayor en Infancia y Adolescencia, en tanto, destaca las intervenciones preventivas en el ámbito escolar, las que incluyen programas de prevención que aumenten el conocimiento sobre el suicidio, programas basados en el entrenamiento de habilidades sociales con el objetivo de detectar aquellos jóvenes con riesgo de conducta suicida, tratamiento en el ámbito escolar, intervenciones tras un suicidio y el entrenamiento de figuras claves con el fin de formar a profesores y compañeros en la detección del riesgo de suicidio en adolescentes.

Te invitamos a revisar este artículo completo en el link al final de la nota.

Conducta Suicida en la Infancia: Una Revisión Crítica