Ser “Blanco” o “Moreno” en Chile y su Impacto en la Educación

Fuente de la foto: Consejo Nacional de la Infancia
Día Contra la Discriminación

Investigadores de la Universidad Católica de Chile y de la Universidad Católica de Leuven, Bélgica, han publicado el estudio Ser Blanco o Moreno en Chile: El Impacto de la Apariencia en las Expectativas Educativas y las Calificaciones Escolares” (2016), en el que intentan responder si la diferenciación en el tono de piel puede dar lugar a discriminación y desigualdad en aspectos fundamentales para el desarrollo como la educación.

Los investigadores sostienen que los estereotipos de los grupos más vulnerables de una sociedad pueden contribuir a mantener las desigualdades que en ella existen y que “para que las intervenciones estructurales puedan generar cambios reales – ya sea éstas organizadas por el gobierno o por el lado de los institutos educacionales – deben estar acompañadas de un cambio en las actitudes sociales discriminatorias”. Por tanto, han decidido trabajar desde una perspectiva basada en la psicología social, profundizando en relaciones como las expectativas educativas y los resultados escolares para encontrar respuestas a la vulnerabilidad de ciertos grupos y a la interrogante principal de este estudio: “¿Es la diferenciación en base al tono de piel tan inocua como se piensa, o, por el contrario, provoca discriminación y oportunidades desiguales en aspectos tan importantes de la vida tales como la educación?”.

La diferenciación entre el aspecto “blanco” y “moreno” y la preferencia por el primero tienen su origen en la época colonial de Sudamérica, en la que mientras la élite de origen europeo formó familias casi exclusivamente con otros inmigrantes europeos, las clases bajas se mezclaron con los residentes indígenas, heredando sus rasgos. Con esto, la apariencia y apellidos de origen caucásicos se volvieron un signo de estatus, no sólo conduciendo a expectativas de una mejor situación económica para los individuos de tez más clara, sino también a evaluaciones más elevadas en otras características, como inteligencia y atractivo físico.

Bajo este contexto es que los investigadores se han cuestionado la influencia de este sesgo en el ámbito escolar y la posibilidad de que ciertos actores relevantes de la educación puedan tener expectativas más bajas para los estudiantes “morenos” y con esto provocar un peor desempeño al subestimarlos. Para responder estas interrogantes, los autores entregaron cuestionarios a alumnos de tercero y cuarto medio en 32 salas de clases de diferentes zonas del Gran Santiago, correspondientes a distintos niveles socioeconómicos, pidiéndoles categorizarse a sí mismos en base a su tono de piel y rasgos faciales en distintos ítems, como por ejemplo: “Considero que tengo un tono de piel blanco”, “Considero que mis rasgos faciales son blancos” y “Considero que tengo rasgos europeos”. Estos ítems fueron presentados junto con otros ítems de autodescripción (por ejemplo: “Considero que soy atractivo/a” y “Considero que tengo sobrepeso”)n para ocultar el verdadero propósito del estudio. Las expectativas educacionales, en tanto, fueron evaluadas preguntando a los alumnos acerca de qué tan factible veían el hecho de ingresar a la universidad. Por último, con autorización de los padres, se consiguieron las notas escolares de los alumnos a través de los directores de los colegios.

Se encontró que, respecto al nivel socioeconómico, las diferencias en las notas escolares ocurrieron entre salas de clases, es decir, los alumnos cuyas  aulas eran de nivel socioeconómico bajo, tuvieron en general peores notas y expectativas educacionales más bajas que lo observado en aulas integradas por alumnos de un nivel socioeconómico más alto. Las diferencias basadas en el tono de piel, en cambio, se encontraron al nivel de los alumnos, es decir, se manifestaron al interior de las aulas. Esto significa que, en una sala de clases, los alumnos “blancos” suelen rendir mejor que sus compañeros “morenos” y también tener expectativas educacionales más altas que estos últimos.

La exploración a través de análisis estadísticos de mediación de los procesos psicológicos a la base de este efecto, reveló que los alumnos “morenos” tienden a sentir menos confianza en sus propias competencias académicas en comparación con sus compañeros de clase “blancos”. Asimismo, a través de mediciones indirectas, los participantes revelaron que tenían expectativas educacionales más bajas para los alumnos “morenos” que para los “blancos”. También los profesores de Enseñanza Media exhibieron sesgo ante el tono de la piel en sus expectativas educacionales, lo cual resulta un hallazgo muy importante pues se ha descubierto que sus expectativas efectivamente influencian el desempeño de sus alumnos.

De esta manera, la investigación constata que el contenido del estereotipo relativo al tono de la piel hace alusión a que los alumnos “morenos” son considerados menos competentes en el ámbito académico que los alumnos “blancos”. Esta idea parece ser incorporada psicológicamente por los alumnos “morenos”, lo que en efecto conduce a un rendimiento escolar disminuido. Más aún, dado que la diferenciación ocurre al interior de la sala de clases, se podría asumir que los profesores y pares estarían (inconscientemente) reforzando la incorporación del estereotipo.

Te invitamos a revisar esta investigación en detalle en el link al final de la nota.

Ser “Blanco” o “Moreno” en Chile: El Impacto de la Apariencia en las Expectativas Educativas y las Calificaciones Escolares