Integrar la Justicia Social en la Evaluación Escolar

Fuente de la foto: Consejo Nacional de la Infancia
Día Mundial de la Justicia Social

Los investigadores Nina Hidalgo y Francisco Javier Murillo han presentado el estudio “Evaluación de Estudiantes para la Justicia Social: Propuesta de un Modelo” (2016), en el que buscan presentar un modelo  de evaluación estudiantil que permita “avanzar un paso más en la construcción de una educación que contribuya a una transformación real y profunda de la sociedad”.

De acuerdo a los autores, las formas de evaluación educativas “marcan inexorablemente a nuestros estudiantes, en la escuela y a lo largo de toda su vida, y con ello se contribuye a crear una sociedad u otra”. Con esto se refieren a que si bien ha habido un gran avance en la conformación de una educación basada en la justicia social, la falta de un método de evaluación que contenga objetivos y características que también se basen en ella podría hacer fracasar estos esfuerzos que buscan construir una nueva sociedad más democrática, equitativa y justa. Por ello, es que los  investigadores han decidido plantear un Modelo Teórico de Evaluación de Estudiantes para la Justicia Social.

La construcción de este modelo se ha basado en tres conceptos, Justicia Social, Educación para la Justicia Social y enfoques alternativos de evaluación estudiantil, los que han sido revisados y estudiados en profundidad para comprender los pilares que dan sentido a cada uno.

Así, la Justicia Social, basándose en la perspectiva del grupo de investigación “Cambio Educativo para la Justicia Social” que a su vez se basa en los planteamientos de la filósofa norteamericana Nancy Fraser, ha sido entendida por los autores como un concepto multidimensional que se conforma de tres elementos claves: Redistribución o Justicia Económica, basada en la idea de una distribución equitativa de bienes primarios que pueda compensar las desigualdades; Reconocimiento o Justicia Cultural, es decir, una justicia basada en la valoración social y cultural de todas las personas; y Participación o Justicia Política, dimensión que da sentido a las anteriores y que implica la participación plena de todos y todas en la toma de decisiones, especialmente de aquellos grupos que por su origen y condición han sido históricamente excluidos.

En cuanto a la Educación para la Justicia Social, los investigadores sostienen que, por una parte, los niños y niñas deben ser formados en la justicia social para que se desarrollen como agentes de cambio conocedores y sensibles a las injusticias. Mientras que por otra parte, la educación debe impartirse desde la justicia social, basándose en los 3 principios antes mencionados. De esta forma, los componentes de una Educación para la Justicia Social han de ser una educación equitativa que garantice el acceso, permanencia y aprendizaje de todos y todas las estudiantes a través de una distribución de recursos que favorezca a aquellos alumnos que más lo necesiten y sin discriminación; una educación democrática que permita la participación en la toma de decisiones y profundice en el trabajo cooperativo; y una educación crítica, “considerada como la que rompe con las relaciones de clase, las inequidades y la sumisión social y cultural existentes en la sociedad”, es decir, que desarrolle en los y las estudiantes la capacidad de denunciar y transformar las situaciones de dominación y opresión.

Finalmente, en lo que respecta a los enfoques alternativos de educación, el estudio ha considerado los enfoques de evaluación inclusiva, evaluación auténtica, evaluación culturalmente sensible, evaluación participativa, evaluación democrático–deliberativa y el enfoque de evaluación crítica.

Tras este análisis, los investigadores finalmente han planteado un modelo teórico de evaluación estudiantil para la justicia social constituido por tres dimensiones: evaluación equitativa, evaluación participativa y evaluación crítica. La primera de estas dimensiones busca evaluar adecuándose a las necesidades de cada alumno y alumna de forma tal de entregar a cada uno de ellos y ellas los recursos necesarios para su aprendizaje, por tanto no evalúa de forma igualitaria a cada estudiante, sino que considera sus situaciones individuales, incluyendo en ellas el origen cultural, género y estilo de aprendizaje. Por tanto, es una evaluación integral, adaptada, culturalmente sensible, cualitativa, continua y centrada en el progreso.

Por su parte, la evaluación participativa, “supone avanzar de una evaluación de los estudiantes a una evaluación con ellos”, es decir, supone permitir a los y las estudiantes participar en el diseño de todas las fases de la evaluación, de modo que “se les permita ser actores y autores de su proceso de aprendizaje y evaluación”. Así, este tipo de evaluación se caracteriza por su carácter democrático, dialógico y cooperativo.

Por último, la evaluación crítica, tercera dimensión del modelo planteado, tiene por objetivo hacer de los y las estudiantes personas conscientes de desigualdades y problemáticas sociales y por ello se caracteriza por ser política, no jerárquica, transformadora y emancipadora.

­Con este modelo, los investigadores han buscado aportar a un desarrollo más profundo de una educación que contribuya no solo al conocimiento, sino que también a la creación de una sociedad más justa e inclusiva. Puedes revisar el estudio completo en el link al final de la nota.

Evaluación de Estudiantes para la Justicia Social. Propuesta de un Modelo