Educación y Desarrollo Rural en América Latina. Reinstalando un Campo Olvidado de las Políticas Educativas

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La Revista Iberoamericana de Evaluación Educativa ha otorgado un espacio importante a la evaluación de la educación rural en América Latina, donde señala que pese al amplio acceso a la educación primaria que presentan los niños y niñas de origen rural, otros indicadores educativos, como cobertura, deserción escolar y logros de aprendizaje, se encuentran al debe, en desmedro, de una menor calidad y una sostenida desigualdad respecto a lo que ocurre en los contextos urbanos.

Se sostiene que casi sin excepción, el ser rural en cualquier parte de América Latina conlleva menores oportunidades educativas y bajos índices de desarrollo humano, lo que empeora si además se es indígena y mujer. Se suma a esta situación, el diagnóstico de un “olvido” de la educación rural, es decir, de sus particularidades (como que usualmente las aulas se convierten en multigrados, es decir, agrupan a niños de diferentes edades en un solo espacio), por parte de la política educativa, siendo pocos los países que cuentan con instancias de formación especializadas o focalizadas en la educación y enseñanza en el medio rural. Así la educación rural es un pendiente en cuanto al bajo aporte al desarrollo pleno e igualitario de los estudiantes que concurren a esas aulas, pese a eso, y a lo invisibilizada que se encuentra, esta educación sigue siendo para un importante número de niños, niñas, jóvenes y familias, la posibilidad de acceder al conocimiento, de fortalecer su cultura y lengua.

De los cinco artículos sobre ruralidad y educación que la revista ha incluido, nos centramos especialmente en el de Marcela Gajardo, “Educación y desarrollo rural en América Latina. Reinstalando un campo olvidado de las políticas educativas”, en donde se entrega un panorama general de los avances y desafíos de educación en zonas rurales en la región.

Marcela Gajardo, comienza su artículo estableciendo la importancia de generar condiciones de equidad y calidad en la educación desde la niñez temprana, especialmente en los sectores más vulnerables. Así, lo que ocurre en los sectores rurales es que la creciente modernización del agro ocurre a la par de una progresiva y creciente pauperización de aquellos grupos de la población más directamente vinculados a la producción agrícola tradicional, no lográndose una articulación entre desarrollo rural y equidad social. Esta situación tiene una incidencia directa en las necesidades insatisfechas en cuanto a educación, elemento que es clave en estrategias que buscan el desarrollo equitativo y sustentable, encontrándose que los principales problemas que enfrenta la educación rural se encuentra el analfabetismo adulto y juvenil, matrícula escolar, la casi inexistencia del nivel preescolar, problema de calidad en el aprendizaje de niños y niñas de las zonas rurales.

La desigual distribución de las oportunidades educativas se expresa en una pirámide que distingue entre quienes acceden al sistema escolar pero no logran aprobar los primeros años de educación obligatoria, los que logran completar el ciclo básico aunque raramente acceden a tramos superiores de enseñanza y quiénes logran aprobar algunos cursos de nivel medio y, una vez adquiridos los rudimentos básicos de lectura, escritura y cálculo, abandonan la escuela para incorporarse a la vida productiva. Además, los contenidos tienen a expresar valores marcadamente urbanos que no se corresponde con el contexto rural, a su vez, tampoco existen consideraciones respecto a la carga horaria y las realidades locales, en que, por ejemplo, los ciclos de producción agrícola muchas requiere trabajo familiar para asegurar la subsistencia. En cuanto al nivel preescolar los avances han sido lentos y desiguales, perjudicando a los niños y niñas de las familias pobres que viven en zonas apartadas.

Otro de los problemas a considerar es que, aún cuando en conjunto, la región logró mediante políticas de acceso y cobertura, reducir las brechas de asistencia a primaria a 3 puntos porcentuales entre los niños y niñas del quintil más rico y más pobre, aún no se logra retener en la escuela a los niños y niñas de familias en situación de pobreza rural o pertenecientes a pueblos indígenas, por lo que proveer los apoyos necesarios a estos niños y niñas se vuelve un desafío central y obliga a repensar en cómo abordar la educación, como mejorar la calidad, equidad y efectividad en los establecimientos de educación.

También la paridad de género es un desafío pendiente, puesto que si bien se ha cumplido entre los niños y niñas, no ocurre lo mismo con los jóvenes, ya que se si bien en muchos países se produce una exclusión de los hombres al verse afectados por el trabajo infanto-juvenil, la maternidad y la colaboración con labores domésticas afectan también a la deserción femenina.

Finalmente ante estas problemáticas la región ha invertido en la generación de distintas innovaciones, siendo común a todas ellas, la idea de entender la escuela como una unidad con proyecto propio puesta al servicio de poblaciones y situaciones heterogéneas donde coexisten, por ejemplo, situaciones de total estancamiento con situaciones de alto nivel de desarrollo agro-industrial. Frente a tal diversidad de actores y heterogeneidad de situaciones, se implementaron programas diversos diseñados con el propósito de atender necesidades específicas como lo son la composición y dinámica de la población, la estructura de la propiedad, trabajo e ingreso, organización social, patrones culturales, el uso de lenguas autóctonas, entre otros. Así se han utilizado:

– Estilos descentralizados de gestión, es decir, hacer de cada escuela un establecimiento con proyecto propio y experimentar con modelos renovados de gestión basados en el fortalecimiento del liderazgo escolar, y climas centrados en los alumnos, en el desarrollo de las capacidades de los profesores, y en el involucramiento de los padres.

– Una apuesta por la autonomía escolar, administrativa, financiera o pedagógica.

– Nuevos enfoques para mejorar las capacidades profesionales de los maestros y renovar políticas y programas de formación inicial y continua.

Estos estilos descentralizados de gestión en las zonas rurales, funcionan en la medida que sean parte de un paquete de reformas amplio y coherente y que contenga las disposiciones necesarias para preparar en nuevas funciones al gobierno central, los gobiernos locales y a los profesionales de la educación; a la vez estas reformas deben articularse con medidas que compensen la falta de recursos técnicos y financieros de localidades y escuelas más pobres para que funcionen realmente y sean un aporte en el desarrollo de niños y niñas que viven en zonas rurales.

Educación y desarrollo rural en América Latina. Reinstalando un campo olvidado de las políticas educativas