Niñez con Opinión



Autor: María Estela Ortiz. Secretaria Ejecutiva Consejo Nacional de la Infancia

Desde hace dos años el Consejo Nacional de la Infancia desarrolla procesos de participación y deliberación de niños, niñas y adolescentes, consagrando así el derecho a la participación establecido en la Convención de Derechos del Niño y otros instrumentos de derechos humanos.

El proceso “Yo Opino, es mi derecho” 2017 está abierto. En su plataforma www.yoopino.cl se explica la forma en que niños/as y adolescentes podrán entregar sus propuestas sobre las formas para vivir en un planeta sostenible, cómo enfrentar las desigualdades, cómo proteger el planeta y cómo asegurar la prosperidad para todos y todas, respondiendo así, al llamado de Naciones Unidas entorno a los objetivos de desarrollo sostenible hasta 2030.

Esta convocatoria se armoniza con la realizada en 2015, donde participaron cerca de un millón de niños, niñas y adolescentes cuyas conclusiones fueron consideradas en la ley de garantías de derechos de la niñez y en la política nacional de niñez y adolescencia.

También está en línea con el segundo proceso, efectuado en 2016, que buscó reafirmar el carácter de ciudadanos de los niños/as y adolescentes, generando un diálogo sobre los derechos, responsabilidades, valores e instituciones que será un significativo insumo para la construcción del Plan de Formación Ciudadana, que cada colegio está llamado a realizar.

Los derechos más significativos para los niños y niñas más pequeños son “vivir en familia” y “ser protegido”.  A medida que aumenta la edad emerge con fuerza la búsqueda de reconocimiento y expresión frente al mundo adulto y se priorizan los derechos  “a no ser discriminado” y “a ser escuchado”.

Quiero destacar tres señales que nos entregan los resultados del “Yo Opino” 2016.

El “derecho a vivir en familia” presenta mayores acuerdos en los colegios municipales en relación a subvencionados y particulares pagados, lo que nos sugiere que en condiciones de mayor vulnerabilidad social, la familia es más valorada como fuente de seguridad y confianza.

Una segunda señal es que en los cursos sólo de mujeres se manifiesta con fuerza su deseo de no ser discriminadas y que su opinión sea considerada. En los cursos masculinos en cambio estos derechos presentan acuerdos significativamente más bajos.  Esta diferencia refleja la discriminación por género que niñas y adolescentes comienzan a sentir desde su etapa escolar y nos hace preguntarnos ¿qué hacer para escuchar mejor su voz?

A su vez, remarco que entre quienes comparten cursos con estudiantes de pueblos originarios, el “derecho a no ser discriminado” es significativamente mayoritario en comparación al resto, lo que evidencia que la presencia de niñez indígena favorece la valoración de la diversidad y la no discriminación.

Esperamos que el derecho a participar, opinar e incidir de niños, niñas y adolescentes en la construcción de la  sociedad y el planeta en que quieren vivir sea verdaderamente un compromiso país.